Lo peor de todo no son las horas perdidas, ni el tiempo por detrás y por delante, lo peor son esos espantosos crucifijos hechos con pinzas para la ropa. Primero se recorta un cartón en forma de cruz y después se van pegando las pinzas encima. Hay que sacar el muelle y separar las dos tablitas y pegarlas luego con mucho cuidado, una para arriba y una para abajo. Al final se le da el barniz para que brille bien y parezca algo. También están los cubiletes para plumas y lapiceros, pero los crucifijos son mucho más feos.
Jorge Maíz le puso mucho amor a su elefante de escayola, después Paco Arce y yo lo pisoteamos hasta que sólo quedaron migas de escayola. Afortunadamente, T no sabe nada de esto.
Juan Carlos Peña Enano se empeñó en contarle a todo el mundo que me había cagado en el primer curso, lo cual, por otro lado, era casi cierto. Aunque, como es lógico, yo lo había negado rotundamente. Como él seguía, que si Elder se cagó, Elder soy yo, que si Elder nos apestó la clase más de un mes, no tuve más remedio que agarrar uno de los crucifijos de pinzas barnizadas y partírselo en la cabeza. Don Humberto me dio a elegir entre una torta y un castigo. Elegí la torta y me llevé las dos cosas. No me pregunten por qué. Las tortas de Don Humberto dolían, pero no más que caerse en el patio y darse con las narices en el cemento. Los castigos eran más pesados porque tenías que estar dos o tres horas copiando páginas del libro de lecturas. En el primer curso era el libro de Pandora y la caja de los vientos; Pandora abría la caja en la segunda página y se pasaba después todo el año buscando sus vientos. En el segundo curso era el del Payaso Panocha. Todavía peor que Pandora, y peor aún que caerse en el patio y darse con la nariz contra el suelo. Los payasos son la segunda cosa más insoportable del mundo: disfraces de payaso, canciones de payasos, cuentos de payasos, películas de payasos y sobre todo cuadros de payasos.
La asamblea lanzó un grito terrible y Ralph se levantó desconcertado.
—¿Tú, Simon? ¿Te crees eso?
—No lo sé —contestó Simon. Los latidos del corazón le paralizaban—. Pero...
Estalló la tormenta.
—¡Siéntate!
—¡Cállate!
—¡Coge la caracola!
—¡Marica!
—¡Cállate!
Ralph gritó:
—¡Escuchadle! ¡Tiene la caracola!
—Lo que quiero decir es que..., a lo mejor, sólo somos nosotros.
—¡Tonterías!
Era Piggy, fuera de sus casillas por el asombro.
Simon prosiguió:
—Puede que seamos un poco...
Simon se quedó sin palabras, a causa de su esfuerzo por expresar la enfermedad esencial de la humanidad. De pronto, tuvo la inspiración:
—¿Qué es lo más sucio que existe?
Como respuesta, Jack dejó caer en el desorientado silencio que siguió una única palabra, vulgar y expresiva. La sensación de alivio fue enorme. Los pequeños que se habían sentado en el tronco desequilibrado se cayeron de nuevo, sin que les importara. Los cazadores gritaban encantados.
El esfuerzo de Simon se desplomó sobre él, arruinado. Las risas le golpeaban crueles y retrocedió hasta su asiento, indefenso.
William Golding (Trad. Carles Serrat Mulà). El Señor de las moscas. Bibliotex, 1999.
Come over here, babe
It ain't that bad
I don't claim to understand
The troubles that you've had
But the dogs you say they fed you to
Lay their muzzles in your lap
And the lions that they led you to
Lie down and take a nap
The ones you fear are wind and air
And I love you without measure
It seems we can be happy now
Be it better late than never
Sweetheart, come
Sweetheart, come
Sweetheart, come
Sweetheart, come to me
The burdens that you carry now
Are not of your creation
So let's not weep for their evil deeds
But for their lack of imagination
Today's the time for courage, babe
Tomorrow can be for forgiving
And if he touches you again with his stupid hands
His life won't be worth living
Sweetheart, come
Sweetheart, come
Sweetheart, come
Sweetheart, come to me
Walk with me now under the stars
For it's a clear and easy pleasure
And be happy in my company
For I love you without measure
Walk with me now under the stars
It's a safe and easy pleasure
It seems we can be happy now
It's late but it ain't never
It's late but it ain't never
It's late but it ain't never
Nick Cave and The Bad Seeds. No More Shall We Part. Mute, 2001.
«If we, as a society, lose our voice completely, and corporations start doing all the talking, then we'll be utterly lost. To some degree, this has already happened. Our ability to envision a future collectively has already been severely compromised.»